La Reserva ProAves El Jaguar, ubicada en Mapiripán (Meta), cumplió 13 años de trabajo continuo en la conservación de la biodiversidad de la Orinoquía colombiana. Durante más de una década, esta área protegida se ha consolidado como un bastión para la protección de ecosistemas estratégicos, resguardando bosques y sabanas que sirven de refugio para numerosas especies de fauna y flora, muchas de ellas amenazadas o poco estudiadas.
Gracias a estos esfuerzos sostenidos, la Reserva continúa generando valiosos registros de biodiversidad que evidencian el buen estado de conservación de sus ecosistemas. Uno de los más recientes es el de Thecadactylus rapicauda, conocido como “geco cola de nabo”, una especie que destaca tanto por sus características como por su importancia ecológica.

Este pequeño lagarto pertenece a la familia de los gecónidos o salamanquesas (Phyllodactylidae). Se caracteriza por ser una especie arbórea y escamosa, con almohadillas en sus dedos que le facilitan la escalada. Su dieta se basa principalmente en invertebrados, aunque ocasionalmente consume frutas, pequeños mamíferos y reptiles.
Thecadactylus rapicauda es una especie ovípara que habita en bosques tropicales (húmedos y secos) y llanos, con una amplia distribución a lo largo de las Américas; además, es uno de los gecos de mayor tamaño del continente.
Su nombre común se debe a su rasgo más distintivo: una cola gruesa y de forma cónica que se ensancha notablemente. Este apéndice es vital para su supervivencia, ya que pueden desprenderse de él para distraer a los depredadores o agitarlo con fuerza como señal de advertencia.El registro de Thecadactylus rapicauda en la Reserva ProAves El Jaguar no solo amplía el conocimiento sobre la distribución de la especie, sino que también actúa como un indicador de la salud del ecosistema. Hallazgos como este reafirman la importancia de seguir fortaleciendo la conservación en territorios estratégicos, donde cada especie registrada es reflejo del equilibrio y la riqueza natural que aún persisten.

