A más de 30 metros de altura, entre las copas del bosque del Magdalena Medio, se desarrolla una labor silenciosa pero fundamental para la conservación de una de las magnolias más amenazadas de Colombia.
En la Reserva ProAves El Paujil, el guardabosque Elkin Berrío dedica jornadas enteras al monitoreo y seguimiento de Magnolia cespedesii, una especie endémica cuya supervivencia depende de acciones concretas que permitan asegurar la regeneración de sus poblaciones naturales.
Como parte del proyecto de conservación de magnolias que ProAves desarrolla con el apoyo de Franklinia Fondation, Elkin asciende regularmente a los árboles reproductivos para realizar monitoreos fenológicos que permiten conocer el estado de la especie a lo largo del año. Durante estas jornadas se registran y contabilizan botones florales, flores y frutos, información clave para comprender sus ciclos reproductivos y planificar acciones de conservación.
Cuando los frutos comienzan a desarrollarse, algunos son protegidos mediante un proceso conocido como encanastillado, que facilita su seguimiento y posterior cosecha. Semanas después, cuando alcanzan su madurez, inicia una de las etapas más importantes: la recolección de frutos y semillas.
Cada semilla representa una oportunidad para el futuro de la especie. Tras ser recolectadas, las semillas viables son llevadas a procesos de germinación y propagación, donde reciben cuidados constantes hasta convertirse en plántulas capaces de regresar al bosque.
Hoy, después de 1 año y medio, ese esfuerzo comienza a dar nuevos frutos. En la Reserva ProAves El Paujil se realizó el trasplante de una plántula de Magnolia cespedesii de más de un metro de altura, producida a partir de semillas recolectadas dentro de la misma Reserva. El individuo fue establecido en un área seleccionada estratégicamente, donde la caída natural de árboles generó condiciones adecuadas de luz y espacio para favorecer su crecimiento.
Esta acción forma parte de un proceso integral de restauración y regeneración de la especie, que busca fortalecer las poblaciones existentes y aumentar las posibilidades de supervivencia de esta magnolia en su hábitat natural.
Detrás de cada árbol plantado existen años de trabajo: monitoreos en campo, ascensos al dosel del bosque, seguimiento de la floración y fructificación, recolección de semillas, propagación en vivero y cuidados permanentes. Es un proceso que refleja el compromiso de los guardabosques de ProAves y demuestra que la conservación efectiva se construye día a día, con dedicación, conocimiento y perseverancia.
La Reserva ProAves El Paujil continúa siendo un refugio para numerosas especies amenazadas del Magdalena Medio y un escenario donde la conservación pasa de la teoría a la acción.


