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Redescubierta rana venenosa del Saija

                     

Lunes 27 de septiembre de 2010.

En las selvas del Cauca, costa pacífica colombiana, se lograron encontrar algunos ejemplares de la Rana venenosa del Saija, (Oophaga occultator), descrita por primera vez en 1976 por Myers y Daly. A pesar de haber sido descrita desde hace tantos años, se desconocen muchos datos sobre su comportamiento, reproducción así como estado del hábitat por cuestiones de orden público. La importancia del hallazgo se debe a la recopilación de nuevos datos sobre la especie y distribución, además de dar alerta sobre el estado de deforestación de su hábitat con miras a proyectos de conservación.

Izquierda Oophaga occultator – Derecha, ambiente deforestado. Alrededor, las occultator cantaban toda la mañana.

El nombre de esta especie (occultator) fue otorgado debido a su comportamiento “oculto” en medio de la selva. Las primeras ocasiones que fue vista en su ambiente natural (1975) se observó que preferían las partes altas de los árboles y sus ramas, donde se mimetizaban con el ambiente de la selva. Se decía que cantaban a alturas superiores de 1.50 mts. y rara vez se percibía su canto. Sin embargo, en esta exploración, cuyo objetivo principal es el monitoreo y la búsqueda de Phyllobates terribilis, se pudo contemplar individuos cantando a 10 centímetros del suelo, en zonas gravemente deforestadas y en localidades distintas a La Brea. A pesar que algunos científicos han podido ingresar a la zona en años pasados (década de los 90 y principios del 2000), no se han vuelto a ver fotografías de esta magnífica y poco conocida especie en su ambiente natural: las selvas de Colombia.

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Entre algunos peligros para la extinción de Oophaga occultator son:

Cultivos ilícitos: desde antes de la bonanza de la droga de los años 90, aún hasta el día de hoy, en esta zona del Cauca se han talado centenares de hectáreas de selva para la siembra de hoja de coca de forma indiscriminada. Impulsados por el dinero fácil y en medio de la zozobra por una violencia que parece no dar tregua, los pobladores (indígenas y afrocolombianos) durante varios años vieron en este lucrativo negocio su principal método de manutención. Llegaron a ser tan grandes los cultivos que el estado envió avionetas con glifosato para destruir los cultivos (y de paso exterminando la fauna y flora circundante).

Cultivo de coca (izquierda) en expansión hacia las selvas del río Guanguí – (derecha) Retroexcavadora para minería en el río Saija.

Minería: hasta Timbiquí llegaron 25 retroexcavadoras y dragas para desgarrar los bordes del río en busca de oro a principios de junio. Gracias a la gestión y protestas de la población civil de Timbiquí se logró expulsar las dragas del casco urbano, evitando así la destrucción de la zona cercana al pueblo. Sin embargo, estas dragas sólo cambiaron de rumbo y comenzaron a subir por el río Saija para buscar oro en las laderas del río. Las actividades mineras destruyen el ambiente con sus prácticas irresponsables y devastadoras.

Tráfico de especies: hacia los años 80 y 90 esta rana fue objeto de tráfico hacia países de Europa y Norte América, para ser reproducida en cautiverio e iniciar su comercialización dentro del mundo del hobby. A Estados Unidos se llevó un cargamento en el año 1997, junto a otras especies de anfibios de la zona como Phyllobates terribilis y Phyllobates aurotaenia, pero las posibilidades de cría y reproducción en cautiverio son muy escasas, convirtiéndola en un objetivo para los traficantes que vienen a Colombia a llevárselas ilegalmente.

Por fortuna para las ranas, la zona del Río Saija actualmente no es segura para los traficantes (y tampoco para los investigadores), pues 3 grupos armados ilegales, entre ellos las FARC, el ELN y Los Rastrojos (grupo paramilitar) se disputan el control de este estratégico corredor para el tráfico de drogas.

Macho cantando – Vientre de occultator.

Los habitantes de la zona son indígenas Emberá, han estado en condición de desplazamiento desde hace 2 años, viviendo en hacinamiento en una gran casa comunal con más de 600 indígenas, víctimas de la violencia y las amenazas constantes de los insurgentes. Esta es una de las comunidades que originalmente utilizaban las ranas (Phyllobates terribilis) para envenenar dardos y realizar faenas de cacería, pero esta actividad ha sido descontinuada por los pobladores actualmente. Esperamos que la vida y cultura de estos pueblos indígenas, así como la gran diversidad de la zona del Saija se pueda conservar a lo largo del tiempo, y no tengamos que recordarlos sólo a través de los libros o fotografías antiguas.

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Mohamed_Bin_Zayed