Fundación ProAves – por las aves y su hábitat en Colombia

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José Gregorio Hernández, su legado por la preservación del medio ambiente

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Desde temprana edad José Gregorio ha sentido un amor inmenso por la aves. “Desde pequeño me han llamado mucho la atención. No me gustaba ver que les tiraran piedras o las maltrataran”, expresa José y dice que fue gracias a la Fundación ProAves que reafirmó su pasión por ellas. Agrega que “el amor por los pájaros empezó con unos binoculares, cuando comencé a observarlas y a detallarlas, eso me enamoró. Poder ver sus colores es algo que me apasiona mucho”.

A sus 23 años de edad, José decidió asumir la responsabilidad de un trabajo tan importante y retador como lo es ser guardabosques de las Reservas ProAves. A pesar de su corta edad, él se enfrentó, valientemente, a cambios en su vida familiar y en sus costumbres por perseguir el sueño de ser un protector incondicional de la naturaleza y de sus maravillosas especies. 

José empezó este gran camino con la Fundación ProAves desde hace más de 6 años. Primero, durante más de un 1 año, en la Reserva ProAves Giles-Fuertesi, ubicada en su tierra natal, Cajamarca, Tolima. Después, fue trasladado a la Reserva ProAves El Paujil, donde lleva 4 años y medio, y vive con su esposa y su hija de 11 años. 

Cuenta que cuando llegó a la Reserva, ubicada en el corregimiento Puerto Pinzón de Puerto Boyacá, Boyacá, solo había una pareja de paujiles, pero gracias al trabajo constante y la dedicación del equipo de ProAves, hoy están llegando 15 individuos. 

Él está muy agradecido con la Fundación ya que ha aprendido mucho gracias a su labor. “Ha sido una experiencia muy linda. Trabajar con aves y conservación es sentirse orgulloso de lo que uno hace”, dice José. Agrega que uno de los momentos más satisfactorios que ha tenido siendo guardabosques fue tener la oportunidad reportar un águila (Spizaetus isidori) cuando era guardabosques de la Reserva ProAves Giles-Fuertesi, la cual no estaba reportada en ese momento para la zona.

Asimismo, José dice que ha sido un reto encontrarse con cazadores y taladores en el camino y expresarles, de la mejor manera, el daño que están causando al medio ambiente. Pero también expresa que ha sido reconfortante ver que, después de unos minutos de charla, algunas personas empiezan a ser conscientes de sus actos y se van pensando diferente.

El día a día de José Gregorio consiste en despertarse a las 5:30 a.m. y, después de tomarse un café, comenzar sus labores en la Reserva. Lo primero que hace es darle de comer a los paujiles pico azul (Crax alberti), especie endémica de Colombia y en peligro de extinción, y después llenar los bebederos de los colibrís. Luego, debido a que la Reserva ProAves El Paujil cuenta con una extensión de 3.419 hectáreas, dedica gran parte de la mañana y la tarde a hacer recorridos de linderos durante los cuales revisa que todo esté bien.

José sostiene que “debemos seguir cuidando este paraíso que tenemos. Somos uno de los países más afortunados, tenemos unos bosques espectaculares. Esto es lo que vamos a dejarle a nuestros hijos”. 

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ProAves agradece inmensamente a todos y cada uno de los guardabosques por su compromiso y gran labor; ellos son los guardianes y voces de nuestras Reservas. ¡Muchas gracias!